Entré al hostal más barato del centro y ahí estaba ella, la nueva cajera peruana, con esa carita de santa y un cuerpo que pedía pinga. No aguanté las ganas y me la llevé a la habitación. Apenas se sacó el uniforme vi sus tetas pequeñas pero firmes, y ese culo con las nalgas bien duritas que me volvió loco. La puse en cuatro y le metí la verga en perrito mientras ella gimoteaba riquísimo, sin importarle que el colchón sonara. Es una puta trabajadora que sabe cómo tratar a su jefe, y cuando termina se levanta y vuelve a la caja como si nada. Peruana rica, culona de corazón.
7.529 vistas









