Una negrita panameña me hace una mamada profunda y me corro en su carita
Ella es una preciosura de piel negra, cara de ángel y una boquita que no perdona. Sin quitarme ni los pantalones del todo, solo saqué mi verga dura, abriendo esos labios gruesos para chuparme la cabeza como si tuviera hambre. Metió toda mi polla hasta el fondo de su garganta, sintiendo cómo le perforaba la campanilla, y yo veía sus ojos llorosos pero felices de tenerla llena. No paraba, movía la cabeza como una desesperada, babeando toda mi verga y mis huevos, hasta que le advertí que me iba a venir. Ella no se detuvo, al contrario, apretó más y sacó la polla justo a tiempo para que le disparara toda mi leche caliente en la cara, escurriéndole por los labios y la barbilla. Se limpió con una sonrisa y me dijo que quería más. Con una boquita así, ni falta hace desvestirse.









