Mi primer anal como esposa, me senté despacio y no pare hasta sentir su leche

Era nuestra noche de luna de miel y quería darle algo que nunca olvidara. Me quedé completamente desnuda encima de él, mirándolo a los ojos, y bajé despacio hasta sentir su verga gruesa abriéndome el culo centímetro a centímetro. Al principio dolía rico, pero cuando empezó a entrar del todo me solté y empecé a montarlo sin freno, con las tetas rebotando y la respiración cortada. Mi marido me agarraba las nalgas y me clavaba más profundo mientras yo gemía como una loca. No paré hasta sentir esa leche caliente llenándome por dentro. Uff, algo riquísimo que repetiría mil veces.

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