Estaba en mi cuarto de Argentina, toda caliente, abierta de piernas y con mi consolador chiquito entrando y saliendo del coño cuando sentí esa mirada. Era mi hermanastro, el muy pendejo, espiándome por la puerta como un pervertido. Lo agarré de la verga ahí mismo y le di una mamada lenta, mirándolo a los ojos, hasta que empezó a temblar. Me subí encima y le di unos sentones brutales mientras él me manoseaba esas tetas y las nalgas. El pibe no duró nada, se corrió dentro de mi culito mientras yo quedaba de espaldas, gimiendo como loca y con las piernas abiertas.
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