Llevé a mi secretaria culona a un hotel barato y me la follo sin quitarle la tanga
La muy zorra sabía perfectamente a dónde la llevaba y no le importó. Apenas cerró la puerta del cuarto, esta gordita infiel se levantó la falda y me mostró esa tanga celeste perdida entre las nalgas, un culo que parecía de virgen de lo apretadito. Se puso en cuatro sobre la misma cama donde su marido la espera cada semana y me rogó que le diera como se merece. Le encanta la pinga como si fuera un manjar y hoy su jefecito le cumplió la fantasía. Está protegida, así que se entregó sin miedo, abriendo ese coño rosado de labios gruesos mientras yo la embestía sin piedad hasta dejarla temblando.
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