Ella llega del gimnasio con ese cuerpecito juvenil brillando de sudor, oliendo a sexo y a esfuerzo, y a mí se me para nada más verla. Le bajo ese pantalón holgado y me encuentro ese culito en tanga que me vuelve loco. En segundos está desnuda, apoyada contra la pared, y yo metiéndole la verga desde atrás mientras ella gime bajito. Luego la llevo a la cama y la follo en misionero, mirándola a los ojos, hasta que nos corremos juntos sin protección. Una cubana delgada y perfecta que no se resiste a nada cuando el calentón aprieta.
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