Mi marido salió de viaje y su amigo nuevo apareció en casa con cualquier estupidez, solo para verme. Yo andaba con el baby doll puesto y las piernas abiertas esperándolo, porque aunque no lo confesaba también le tenía ganas. Ya en la cama me llevé el susto de mi vida, tenía el pito pequeñito, unos cinco centímetros y duro un poquito más. Me lo metió en misionero y casi no lo sentí, así que me lo monté encima y la verguita tampoco me hizo muchas cosquillas. Lo que de verdad me calentó, más que su pene, fue serle infiel a mi marido con este pendejo en pleno porno ecuatoriano casero.
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