Invité a mi casa a una amiga joven de la iglesia, despechada porque otro pendejo la engañó, y acabamos viendo una película en mi cuarto. Con ese vestido largo hasta los tobillos parecía una santa, pero al llegar a la cama me besó el pecho, me chupó la puntita a plena luz. Se subió el vestido, se quitó esa tanga morada chiquita y ella misma se sentó encima de mi verga bien dura. Esta cristiana resultó una putita con una potencia que sabe montar y mover la cintura como nadie. Su coño me hizo correr en menos de lo que esperaba, y ese culito pequeño pero rico sigue siendo mi debilidad de siempre.
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