Follando con mi hermanastra puta parados en su cuarto sin quitarle el vestido
Ella estaba en su cuarto, con ese vestido guinda que le marcaba cada curva de su cuerpo natural y deseable. Cuando entré, no me dijo nada, solo me miró con esos ojos de perra en celo. Me le acerqué y le levanté el vestido sin pensarlo, y en lugar de enojarse, ella sola se acomodó para que le metiera la mano. Sentí sus nalgas firmes y su tanga húmeda, y sin decir una palabra, ella misma se corrió la tela para dejar su culo al descubierto. La penetré ahí mismo, parados contra el armario, sintiendo cómo apretaba mi verga. Luego le bajé la tanga hasta las rodillas y seguí metiéndosela hasta el fondo, oyendo sus gemidos de perra sumisa. Con una hermanastra tan puta y dispuesta a todo, el sexo en casa está más que asegurado.
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