Mi cuñada borracha me pidió que le metiera la verga después de la fiesta

Esa noche mi cuñada morena estaba pasada de copas, con ese vestido ajustado que se le marcaba hasta el último pliegue de la tanga metida en el culo. Desde que empezó a bailar sentí cómo se restregaba contra mí, dejando claras sus intenciones. La subí a mi moto y la llevé a un lugar algo solitario del barrio. Sin mediar palabra, se dio la vuelta, se levantó el vestido y corrió la tanga de lado para ofrecerme ese culo caliente. La penetré bien duro, sintiendo cómo gemía y se empujaba contra mí, toda borracha y caliente, pensando solo en verga. Terminamos rápido, pero con ganas de más. Nos fuimos a su cuarto y seguimos follando sin quitarnos la ropa, solo moviendo la tanga de lado para que yo le reventara ese coño prohibido una y otra vez hasta correrme bien adentro. Así, sudados y sin desvestirnos, nos quedamos dormidos abrazados.

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