Mientras su esposo estaba en el trabajo, ella no podía sacarse de la cabeza esa fantasía prohibida: su cuñado mirándola con deseo. Sabía que le gustaban sus tetas grandes, lo había notado en más de una ocasión. Aquella tarde, echada en la cama matrimonial, se dejó llevar por el deseo. Cerró los ojos y se imaginó encima de él, gimiendo bajito, tocándose lentamente mientras pensaba en lo que no debía. Era solo un sueño… pero la hizo acabar como si fuera real.
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